Carta de una señora en silla de ruedas

<<Bueno Amador.

Esos son apellidos de gente de bien. Perdóneme, es que estaba en la cocina explicándole una cosa a Dorita, que a veces tú sabes que no quieren hacer las cosas bien.

Señora que pena con usted, es que hoy estoy de afán, necesito que me cuente el caso de su hermana.

Está bien voy a tratar de ser rápida.

Mi hermana tenía poco tiempo de graduarse de internacionalista. Tenía su título pero no encontraba trabajo. Además estaba embarazada. Decidió montar su propio negocito. Teníamos una tía que había hecho cursos de pastelería y hojaldre, pero no se dedicaba a nada porque el marido, que era un abogado que litigaba con fincas, la sostenía. El tipo, después del gran siniestro del 85  lo mataron por ganarse unos pesos, no mucho. Todo por una parcela de un campesino por los lados del Urabá. Aunque lo mataron aquí en Bogotá; eso le dispararon con metralleta. Dicen que llegó vivo al hospital pero que era un tipo de sangre raro; entonces como no había la sangre no le pudieron salvar la vida. Aunque la realidad era que por más transfusión que le hicieran se iba a morir. Fueron diecisiete tiros en el estómago. Eso lo cogieron en la séptima cerca de la Jiménez, Tú sabes que por ahí siempre han habido policías todo los días, y dice un señor vendedor de cigarrillos, y otros, que los tipos se fueron caminando con la parsimonia de quien sabe que turista recién llegado.

¿Y su hermana?

Ah verdad, mi hermana. ¿Por dónde iba? Es que  yo a veces soy despalomada ¿Quiere un tinto o una aromática?

Que había montado un negocio…  Un tinto está bien.

¡Dorita! Me haces el favor me traes dos tintos, el mío sin azúcar, tú sabes.

Ah  bueno, el negocio era de pastelitos, ella invirtió en los menesteres y yo le colaboré con parte de la indemnización de mi accidente, no te imaginas que pastelitos tan deliciosos. En seis meses ya teníamos varios contratos con cafeterías, en la Universidad Javeriana, en Casa Liz, teníamos un cliente en Chía, teníamos varios colegios de Chapinero, la cafetería del San Juan de Dios, los hojaldres estaban tomando buena reputación. Después montamos la Marca, y oficializamos la empresa para ganarnos contratos con el estado. Tú sabes que eso lo aseguran a uno un poco más.

Claro, el estado es seguridad.

Bueno, le compramos un Volkswagen rojo a un amigo de un familiar para comenzar a repartir los pedidos. Yo me encargaba del papeleo y de la parte de contabilidad. Mi hermana conseguía los contraticos y hacia el reparto. Yo a veces iba con ella cuando me iban hacer la terapia. No me podía bajar del carro porque ya yo me había accidentado. Como verás después del accidente no pude caminar, quedé inválida en esta silla. La niña la dejábamos con mi mamá y repartíamos. La silla no la podíamos llevar porque tú sabes que esos carros son de dos puertas y  en las sillas de atrás llevábamos los pedidos de hojaldre.

Nos salieron contratos por todo ese sector, con el Congreso teníamos uno bueno, con la Alcaldía.

Señora ¿Qué pasó ese día? Es que nos estamos yendo por la tangente.

Lo recuerdo como si fuera ayer. Ese día llegamos a dejar el pedido. Ella entró y yo me quedé cantando una canción;  al frente había un señor que venía con una niña caminando de la mano.  Después vi a mi izquierda que algunas personas salían corriendo; volví al señor con la niña y ellos también corrían. Había un escándalo. Como pude bajé el vidrio de la ventana del conductor, empecé a llamar pero nadie me prestaba atención. Un carretillero escuchó que yo lo llamaba y llegó a la ventana. Le pregunté  que qué pasaba y el carretillero me dijo que la guerrilla se había tomado el Palacio. Yo dije, Dios mío. Y me agarré la cabeza; miré a mi derecha hacia la puerta. La puerta estaba abierta. Eso fueron diez minutos en donde no se movía nada, nadie entraba y nadie salía.

Siga.

Perdone que se me salgan las lágrimas pero es que eso fue horrible. La soledad de esa puerta

Después de esos diez minutos empezaron a escucharse los disparos.

¿Cómo hizo?

Yo no me podía mover de ahí, mi hermana se había llevado las llaves del carro yo solo quería que mi hermana regresara corriendo con las llaves, prendiera el carro y nos fuéramos. En media hora estaba eso lleno de policías y militares. Llegó un militar a decirme que me fuera inmediatamente, yo le dije que era discapacitada y que no me podía mover de ahí, que mi hermana estaba dentro con las llaves. El militar dio una orden. Luego llegó una camioneta. Engancharon el carro con una cadena y lo subieron por la calle. Eso fue muy rápido, arrastraron el carro tumbando todo. Me dejaron como a siete cuadras, desengancharon y se fueron sin decir nada.

¿Y se quedó sola?

Sí, duré varias horas ahí. Yo no tenía plata y no había casi gente por ahí. Yo llamaba preguntando pero nadie me prestaba atención. Todos iba con las caras asustadas. Vi que había una tienda en una esquina que estaba llena. Estaban escuchando la radio. Un niño indigente me prestó atención, le dije que me fuera diciendo que pasaba. Que se metiera a la tienda a escuchar la radio. Metí la mano en la silla de atrás y le di un pastelito. El niño salió corriendo, a la tienda. Volvió comiendo y me dijo que era el M19,  Le dije que me volviera a escuchar la radio y le di otro.  Al rato llegó la mamá a pedirme pastelitos. Yo les daba, cada vez que llegaban con una noticia

¿Qué pasó después? Gracias.

Gracias Dorita

Pues que parecía que todo podía llegar a la normalidad si el presidente se presentaba.  Pero que los militares seguían disparando. Ya cuando se hizo de tarde, decidí llamar a mi mamá porque yo todavía tenía la esperanza que todo se solucionara sin que ella supiera. Nadie estaba por ahí solo y los que pasaban, iban como corriendo. La luz se fue en el barrio y cayó la oscuridad de las seis.

Pasó una señora indigente con un niño pequeño. Les pedí que por favor me localizaran a mi madre pero yo no tenía plata en ese momento. Entonces le di otros pastelitos, que cuando viniera le daba más. Le mande a decir que le dijera a mi mamá que por favor llamaran a mi tío para que me vinieran a buscar y que trajera la copia de las llaves, que mi hermana no aparecía. Les dije que si llegaba mi tío le regalaba toda la bolsa de atrás del pedido. Ahí mismo se fueron con el número que les di. No estaba segura que habían hecho pero al rato volvieron a pedirme más pastelitos. Yo no les quería soltar ni uno temiendo que me fueran a dejar ahí. La  señora me dijo que se los diera confiada que ya ella había llamado de un teléfono público. Pobrecita tenía los dientes grises de tanta droga.  El tío mío llegó como con mal genio y se montó en el carro. Traía la llave de repuesto, prendió el motor y sin decir nada arrancó volado. Le dije que esperara para entregarles algo a al niño con la madre pero no me hizo caso.

Cuando se iba el carro vi que los indigentes que me habían ayudado no dejaban de mirar, hambreados, cómo me marchaba de su barrio. Me partía el alma.

¿Pero qué pasó con su hermana?

Pues al día siguiente una angustia de no saber nada de ella. Pero una angustia que se prolongó desafortunadamente.  Han pasado 25 años y hasta el sol de hoy no sé dónde está mi hermanita.

¿Pero nunca le dijeron nada raro, la buscaron ni nada?

Gracias Dorita, ya te los puedes llevar.

Pues no, muchos de los compañeros si los han amenazado, mataron a uno de los  abogados que llevaba el caso, han saqueado hogares, el ejército ha hecho mucho daño.

Ellos son malos.

Pero si es un usted consiente que los guerrilleros son los asesinos que acribillaron a un pocotón de gente, son gente desalmada. El ejército hizo todo lo que pudo. ¿Está segura que no sabe nada más?

¿Para qué medio trabaja usted?

Para un periódico

Sí, pero a mí me gustaría saber cuál es para leer su nota.

El Tiempo

Ah entonces no es independiente, usted debe conocer a Esteban Gonzales y Daniela Camargo. Ellos cubren economía y orden público. Daniela debe estar en la misma sección que usted.

Si claro, los conozco pero eso es muy grande allá entonces trabajamos independientes.

Ah bueno señor ¿necesita algo más?

No en alguna otra ocasión le sigo haciendo entrevistas. De pronto he olvidado algunas preguntas, usted sabe.

Si claro, a la orden.  Cuando cierre la puerta empuje para ver si cerró, es que a mí me queda complicado con la silla >>

 

Nota:

 Esta es una transcripción de un audio que grabé con mi grabadorita negra Sony. Han pasado un par de días desde la entrevista con el periodista.  Decidí transcribirla y enviarla junto con el CD, y la foto a unos amigos en una fundación en Europa, pero especialmente a ti.  El tipo que sale en ella se debería llamar Darío Bueno. Tú sabes que la corte está mandando a encerrar a toda esta gente y cada vez que eso pasa la cosa se pone caliente.  Ya van para 25 años, y este calvario no se acaba. Cuando desapareció mi hermana me dejó como de herencia el carrito rojo y su viveza. La gente de los medios son igualitos de altivos que los militares; creen que se las saben todas, que son los más importantes y no solo porque la mayoría de los medios de este país son de derecha complicada. Es evidente que el tipo era un militar de civil. Como sabrás, ni Gonzales ni Camargo existen. Tú que has tenido  que pasar por ese periódico muchas veces no darás fe de esos periodistas inventados. Pero eso es para que te des cuenta de cómo caen en la mentira, yo ya sabía desde que le vi la cara, Con tantos años teniéndolos como enemigos o amigos uno termina por conocerlos bien. Lo que no entendí fue porqué me ha revelado su verdadero nombre; el tipo llegó y no se presentó de nuevo, una persona que miente sobre el nombre, y lo sé porque ya me ha pasado, se presenta cuantas veces pueda para hacer creerle a la otra persona que así se llama. Pero como te digo el ego de ustedes los periodistas y el de los militares en increíble. El de pronto diría, Esta vieja loca y en silla de ruedas no haría nada conmigo, ni porque le de la dirección de mi casa. Ahí está, la foto la tomó Dora cuando esperaba abajo en la puerta, se la mande a tomar y no se dio cuenta. No hay nada peor que un estúpido vistiéndose de genio. No es tan importante si el tipo se llamaba así o no porque hasta ahora no ha hecho un delito pero en caso de que me pase algo. No te voy a pedir que lo localices. Simplemente publicas algo sobre esta transcripción o la foto en alguna página del diario o del libro o lo que quieras.

Yo no soy de atacar a nadie físicamente ni nada de eso y ya yo estoy muy vieja para estar persiguiendo bandidos, aunque por el honor de mi hermana, tú sabes que yo no me dejo de ningún mandamás con revolver ni de nadie que venga a molestar.  Y me conformo con que  ese día, le debió dar tremenda diarrea por el café que se tomó.

Esta es la primera carta que te mando y dirás que mi leguaje es muy confianzudo pero considero que eres una muy buena persona y esto te puede servir para el libro que algún día anunciaste.

De los indigentes de ese día; la mamá y el niño ¿recuerdas? no es tan así como en la grabación. Ese día les regalé toda la canasta de pastelitos y me los lleve en el carro. Dora, después comenzó a trabajar en el aseo de mi casa a atenderme con la silla de ruedas, con el tiempo se salió de las drogas y montó su negocio de empanadas, pero tres días a la semana deja que lo atienda una sobrina y viene a visitarme y ayudarme con los servicios domésticos; yo le pago bien. Al niño lo metimos en el colegio, se graduó un poco mayorcito pero salió un muy buen muchacho, se llama Wilson. Le falta un semestre para graduarse de ingeniero pero ya trabaja en una empresa informática, que por coincidencias de la vida también contratistas del estado y también va al Palacio de Justicia. En mi familia lo queremos mucho.

Éxitos,

Pilar

Published in: on 29 septiembre 2011 at 4:06 PM  Dejar un comentario  

En la guardería

A las ocho de la mañana la profesora Margarita Meza recorta unos papeles en forma circular y los pega para hacer la figura de un gusano. Las tijeras no tienen filo y son rojas, azules y amarillas como casi todo lo que hay en la guardería, juguetes, pinturas, plastilinas. Las paredes tenían distintos colores. Era un paisaje con más color que un bodegón de frutas pero menos encontrado en los cuadros de sala o comedor. MM cortaba trocitos para hacer las paticas y contaba a sus pequeños, que en realidad no eran suyos. Les enseñaba las primeras letras mientras escuchaban canciones didácticas. Todos esos niños se sabían la M y Margarita Meza se jactaba de habérsela enseñado cuando sabemos lo mucho que saboreaban y lo mucho que querían hablar mientras chupaban teta. Pero la cuestión acá es de colores, dibujos y figuras; ya para profundizar en la M y demás cogniciones quedará tiempo en la universidad.

La experticia le había enseñado a la joven maestra los oficios del recorte y pegue de cosas. Eso que se lo sabía de memoria desde la universidad, dio para comenzar a ensamblar el gusano con los círculos de colores. Los niños al mismo tiempo estaban en una actividad para evitar el “estrés de la psiquis”. Consistía en que hicieran lo que quisieran; uno mordía crayones, otros hacían figuras en plastilina, otra lloraba, uno no hacía nada en absoluto, otro jugaba con un carro rojo y otras con muñecas. Eran cuatro niñas; el resto niños. Uno de ellos tenía síndrome de Down y otro niño era hijo de los clásicos padres colados; los que no tienen un peso y para codearse con los ricos usan a sus hijos como caballos de T. Al terminar la maestra de ensamblar el algoritmo del gusano levantó la cabeza, miró el reloj, dijo en tono fastidioso, Es hora de los dibujos. Cuando levanta la cabeza ve al niño que estaba haciendo nada en absoluto con las manitos entumecidas como si fuera un calambre y los ojos blancos, como si estuviera mirando para sus adentros cerebrales. Margarita se asusta, se levanta, salta para donde el niño, le grita, Pierre. El niño respira pero no se mueve. Ella pensó que podría ser una convulsión pero como si tuviera algo que ver con ella le quitó le bola de plastilina que tenía en la mano y la escondió rápidamente en un armario.

Después prosiguió con los primeros auxilios, les puso las manos en el pechito y le empujaba, aunque la verdad era que ella no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Hacía memoria de las clases de primeros auxilios a infantes pero la música infantil solo podía hacerla recordar a los implacables (nombre por el cual se había hecho llamar el grupo de festejos de la universidad) cuando bromeaban con las respiraciones boca a boca y los toqueteos de senos. Cuando sintió que no estaba haciendo nada en realidad salió corriendo a buscar a ayuda  dejando en su estela de afán la puerta abierta.

Pierre Bouchenoir, aunque no producía un peso a su corta edad, podía considerarse de los más ricos. Eso lo sabía Margarita  y la enfermera que venía en camino porque el pasatiempo de los empleados era hablar de quien era más poderoso.  A mí me parece que los papas de Pierre; mira que tienen una multinacional de cosméticos. No tenía historia clínica de ninguna convulsión solo de moretones y golpecitos que se propinaban entre todos los niños.  Cuando llegó la enfermera, a revisar a Pierre lo vio dibujando, como los otros niños. Pierre miró para arriba como queriendo preguntar porque lo buscaban a él. La enfermera le puso un fonendoscopio en el pechito, le puso el termómetro, le tomó la cara y sintió todo normal. Mientras esperaba el parte de la enfermera, Margarita veía que el único que estaba pendiente de Pierre era el niño del Down.  La música infantil no había parado de sonar. La enfermera concluyó que debió ser que se había dormido,  Eso pasa cuando los niños son muy activos, caen privados porque no han comido dulce, que su causal es genética, y le dio un dulce masticable que se metió, rápidamente, a la boca. Entonces llegó un aire de alivio que pasó profesora. A pesar que no había visto a ningún dormido terminó por aceptar el concepto médico que le daba un poco más de relajación.

Al rato de haberse ido la enfermera, MM tomó la plastilina del armario y para asegurarse que no tenía nada que ver, la lamió. Su sabor era el habitual. Cerró el armario y se dio cuenta que el niño del Down no le había quitado la mirada de encima a la profesora;  la perturbó tanto que, con las manos, le volteó la cara para que mirara hacia otro lado. De una gaveta sacó unas letras  para rellenar y unos crayones de colores que repartió a todos los niños. Se sentó a esperar que concluyeran la actividad cuando le entró el pensamiento de un caliente que  le atravesaba la garganta.  Un fuego que caminaba por su esófago y se distribuía por sus tripas; se acumulaba en un dolor punzante que le subía nuevamente hasta los ojos. Luego sonó la campana. Recogió todos los papeles de los niños y vio que el niño del Down no había dibujado sino que se había quedado mirándola sin perderle la vista. Hicieron fila India para despedirlos y vio que Pierre se reía a carcajadas  y  que el niño del Down nunca la dejó de mirar hasta que cerró la puerta.

Published in: on 29 septiembre 2011 at 3:10 PM  Dejar un comentario  
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